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Valores Maristas

Creemos que:

El estudiante es el centro de nuestra tarea educativa: razón de ser del Colegio Marista.

La educación es una responsabilidad compartida entre los estudiantes, educadores y padres de familia, quienes constituyen el aprendizaje.

La innovación, el cambio y la investigación enriquecen y son necesarios para alcanzar una educación de excelencia.

El proceso de enseñanza -aprendizaje es activo, ofrece variedad de estrategias educativas e integra los diferentes estilos de aprendizaje.

Un ciudadano formado, integrado y comprometido con su comunidad y cultura, solidario con el prójimo, es esencial para la construcción de una sociedad justa y democrática.

La educación en valores éticos y sociales es condición esencial para la consecución de una sociedad justa y democrática.

La armonía del hombre con la naturaleza requiere de un uso responsable y sostenible de los valores de la Creación.

La identificación con la cultura puertorriqueña es necesaria para lograr un individuo seguro de su identidad.

La cultura de nuestra comunidad educativa en torno a los valores marista es un factor esencial en el modelaje de las actitudes y comportamiento.

La pedagogía de la presencia y el espíritu de familia fomentan un clima acogedor y humanizante.

El desarrollo moral y espiritual, inspirado en María como educadora de Jesús, constituyen un elemento clave en la formación integral de la persona y en nuestro estilo educativo.

El autocontrol y la aceptación de normas establecidas ayudan a crear un clima de armonía, respeto y trabajo.

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Los Hermanos Maristas

El 12 de agosto de 1816 Marcelino Champagnat es nombrado vicario parroquial en el pueblo de La Valla-en-Gier, con una población de 2.000 habitantes dispersos en múltiples y lejanas aldeas por las faldas de la cadena de montañas del Pilat, en el Macizo Central. Inicia oficialmente su apostolado el día 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María. Pronto transforma totalmente la parroquia: predica, visita a los enfermos aún de las aldeas más alejadas, hace la catequesis a los niños, implanta la práctica del mes de María, distribuye libros para extender las buenas lecturas, combate el trabajo en domingo, las borracheras, los bailes.

El 28 de octubre, en la alejada aldea de Les Palais, asiste en su lecho de muerte al joven de 16 años Jean Bautiste Montagne. Esto lo decide a poner en práctica inmediatamente su proyecto de Hermanos para la educación. Inicia con un ex granadero de Napoleón, Juan María Granjon, de 22 años, a quien el Padre debe enseñarle a leer. Al poco tiempo, se le añade Juan Bautista Audras, de 14 años, y el P. Marcelino los instala en una casita alquilada, luego comprada con la ayuda del P. Courveille. (Éste, vicario parroquial en Rive-de-Gier a pocos km de La Valla, lo visitaba con frecuencia, de acuerdo con la promesa de Fourvière).


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